Roxana y Ricardo son un matrimonio de más de 20 años de casados, con 4 hijos que viven en las sierras de Córdoba. Él trabaja como taxista, ella en la casa atendiendo y ayudando a toda la familia, no sobra el dinero, no falta el cariño. En los lugares turísticos es normal  que en el fondo del terreno donde está la casa se edifique un pequeño departamento que en verano se alquila y ayuda así a la economía de la familia. Así ocurre en la casa de Ricardo y Roxana.

Un día Ricardo llevó en su taxi a un señor venezolano que estaba desesperado, ingeniero industrial, inmigrante, trayendo de a poco a su familia, sin trabajo, sin casa, sin raíces, sin su patria. No lo dudó y lo llevó junto a su esposa a su casa, al “departamento del fondo”. Era invierno y en un par de meses se agregaron su hija médica y su hijo un poco menor. ¡se completó el departamento!

Roxana los ayuda a convalidar los títulos y las residencias en Argentina y como llegaban con lo puesto y sin dinero, por whatsapp movilizaron a sus familias para vestirlos, darles cariño, alimentarlos. Y aunque llegó el verano siguen viviendo allí y la familia de Ricardo y Rosana renunciaron a su entrada extra.

Como llegaban con lo puesto y sin dinero, por whatsapp movilizaron a sus familias para vestirlos, darles cariño, alimentarlos.

En la Asamblea de Aparecida se discutió mucho sobre si se tomaba en forma conjunta la pastoral de migrantes y la del turismo. Uno de los peritos iluminó diciendo que una cosa es andar por el mundo por placer y otra por necesidad y por eso quedaron separadas para su consideración y pastoreo[1].

A esta altura nuestros santos de al lado, Roxana, Ricardo y sus hijos han ampliado sin término a su familia, a los venezolanos del fondo. No faltó en la familia uno que, con mentalidad de turista, preguntó si estaban allí paseando. Nuestros hermanos venezolanos, nuestros hermanos migrantes (bolivianos, peruanos, paraguayos o del país que sean) merecen todo nuestra dedicación, respeto y ayuda. No son turistas, son personas que buscan lo mínimo para vivir o sobrevivir, para tener la dignidad de un suelo y un techo.

Tampoco hay que olvidar que la población de la mayoría de los países de América Latina está formada por inmigrantes europeos. Es hora de devolver favores. Mateo 25 dice que nos juzgarán si los miramos con cara de turistas o con cara empática y misericordiosa de migrantes.

Comunicación Beata Madre Catalina y Esclavas del Corazón de Jesús.

[1] Documento de Aparecida 411-416