Las mártires de la puerta de al lado, parte I

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Coca (viuda de Wenceslao Pedernera junto a sus hijas en la charla sobre los mártires riojanos.

La Familia del mártir Wenceslao Pedernera.

En Argentina, los que vivimos la beatificación de Angelelli y sus compañeros mártires, corremos el peligro de quedarnos en dos hechos de los extremos. Uno el de 1976 cuando los mataron y el otro, el de 2019 cuando los beatificaron. Fue una gran fiesta y ese es otro peligro, quedarnos en la celebración.

Uno de los mártires fue el laico Wenceslao Pedernera, ultimado delante de su esposa y sus tres pequeñas hijas. A esas 4 mujeres, Coca, María Rosa, Susana y Estela, les llamo las mártires de la puerta del lado. Sólo ahora salieron a la luz y de nuevo siguen la rutina de sus vidas. Pero durante los 8 años posteriores al asesinato de Wence(como cariñosamente lo llama Coca a su esposo) sufrieron no sólo la ausencia familiar sino persecuciones, amenazas y caras dadas vueltas, con insultos incluidos, de parte de sus propios vecinos.

A Wenceslao lo mataron porque quería un mundo mejor y más humano, en donde la dignidad por ser semejantes a Cristo nos hiciera hermanos. Esa idea, apoyado por Angelelli,  la desarrolló en los campos para que los obreros dejaran de ser explotados por los terratenientes quienes los hacían trabajar excesivas horas sin descanso con un sueldo en negro y paupérrimo. Por eso se lo tildó de comunista, de subversivo, de peligroso y la mejor solución fue acribillarlo. Vivió unas horas antes de morir y repitió mientras pudo, que perdonaba a sus agresores y que su familia debía hacer lo mismo: “perdonen, no odien”.

Coca y sus hijas siguieron viviendo en el  pueblo de Sañogasta, ella era catequista y quiso seguir siéndolo, pero algunas familias no mandaban a sus hijos a la catequesis que ella dictaba ¡hasta tus gallinas son comunistas! le gritaban, pocos le daban trabajo y alguno de sus familiares se hicieron a un costado, también la amenazaban como lo hicieron con su marido.. Ella no abandonó a Dios, vivió el martirio con sus hijas y retornada la democracia, a los ocho años, respiró libertad pero su pobreza y los vacíos de la gente siguieron. Además no terminaba de hacerse justicia con Wenceslao.

Se dice que Dios tiene sus tiempos y sabe cuál es el indicado para cada uno. Ahora, 43 años después Wenceslao goza públicamente de la justicia humana y de la divina. Y Coca y sus hijas, según sus propias palabras recién ahora tienen una paz y una alegría plena en sus corazones. Ellas, las mártires silenciosas de la puerta de al lado.

Por M. Silvia Somare ecj.