Nora y Héctor, los santos catequistas de la puerta de al lado

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Comunicación Madre Catalina y Esclavas del Corazón de Jesús.

Nora Seculín y Héctor Muiño se conocieron y se pusieron de novios siendo del grupo de jóvenes de una Parroquia de Córdoba. En sus ideales estaban ser misioneros y al casarse hace 35 años decidieron hacerlo realidad, ser misioneros en esos lugares de culturas diversas, a donde nadie llega ni quiere llegar o mirar. Renunciaron a sus trabajos y profesiones, vendieron lo que tenían y se fueron en tren a Tumbaya, un pueblo al pie de la montaña de la Provincia de Jujuy. Imaginemos a toda la familia haciéndolos desistir de esta obsesionada y loca idea y a la madre de ambos llorando por la ausencia de sus hijos en épocas en donde toda la comunicación era por carta. Pero Héctor y Nora siguieron yallí, con una pizca de terquedad evangélica, bastante de locura y muchísima confianza en la Providencia comenzaron a catequizar, a dar a ese Jesús que los había cautivado a tal modo de consagrar su matrimonio a Él y a donde Él los quisiera llevar. Allí nació Marcos, el hijo mayor. Después de 3 años en ese lugar se instalaron en una ciudad de clima agreste del Norte Cordobés: Deán Funes, allí también usaron el mismo método, para ir a lo más lejos, olvidado e invisibilizado y tuvieron 3 hijas.

Nora formó decenas de catequistas en toda la Prelatura, de corazones en el Colegio Sagrado Corazón de las Hermanas Esclavas, donde iban también sus hijos. Vivían, como siempre de la Providencia y nunca les faltó la mano amiga o invisible que les hacía llegar los que necesitaban al “Matrimonio Misionero”. Eterna sería la lista de favores recibidos y de siembras realizadas por los dos o cada uno por su lado.

Cuando estaban por cumplir 25 años de matrimonio, Héctor llevaba algunos años de diácono permanente y Marcos era novicio jesuita; a Nora le detectaron un tumor canceroso que terminó con su vida en pocos meses. Como era de esperar lo llevó con mucha paz y entre tantas caridades y catequesis que realizó en ese tiempo que estuvo de licencia en el Colegio, fue a hablar con la Hermana directora y agradecerle el cuidado de sus hijos y como la catequesis que ella daba era extracurricular y asumida por el Colegio, para no generarle ese gasto venía a presentar su renuncia. Así siempre se portó Nora: Hermana, Amiga, Catequista enseñando primero con su testimonio y si era necesario con sus palabras.

«Nora: Hermana, Amiga, Catequista enseñando primero con su testimonio y si era necesario con sus palabras»

Héctor siguió con su diaconado que, por las leyes del derecho canónico no podía volver a casarse. Tuvo un discernimiento vocacional, si ordenarse o no sacerdote, casarse y dejar el diaconado, seguir como diácono. Duró varios años; mientras, Marcos se ordenó de sacerdote, se casaron algunas de sus hijas, fue abuelo y finalmente decidió ordenarse sacerdote. Sus hijos lo acompañaron en la opción y Marcos fue uno de los que por la imposición de las manos le dio el sacramento del orden sagrado a su padre…¡para que fuera Padre!.

El padre Héctor (doblemente padre por ser sacerdote y por ser padre de familia) optó por la parroquia más pobre, alejada y necesitada del norte cordobés, con un radio de 80 kilómetros y habitantes con necesidades humanas básicas como por ejemplo el agua.

A esta altura los que los conocen vuelven a admirarse y recordar sus acciones misioneras,  los que no, quieren saber más y creo que todos, al conocerlos sentimos que somos más pecadores o más tibios de lo que creemos ser.

El secreto de la catequesis 

No se trata de querer imitarlos tal cual, sí se trata de contemplar a Jesús, de llenarnos de su amor, de dejarnos misericordear, de descubrir nuestros dones y nuestra vocación y, con esa mochila llena de semillas sembrarla donde el Padre Dios nos pida. Eso es la catequesis…entregar la vida por el kerigma, ese anuncio que dice que Cristo murió y resucitó por nosotros, que hay que pasar por la vida amando y reparando con los sentimientos del Corazón de Jesús….como Nora y Héctor…dos santos de la puerta de al lado….aunque ella ya está en el Cielo.

Con niños de catequesis de Jujuy.

Héctor Muiño catequista, diácono permanente de la Prelatura de Deán Funes.

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