«Sin importar lo que haga quiero una vida con Dios»

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El Santo de la Puerta de al lado. Por Silvia Somaré ecj. @PrensaMadreCatalina, Hnas. Esclavas del Corazón de Jesús.

Los santos de la puerta de algo: “Siempre que haya un suelo sagrado definido por el dolor, en ese mismo suelo, hay seres que gestan la solidaridad desde sus pequeñas acciones de cada día” (Para Francisco). 

¿Quién es Belén Cortés?

Me  dicen Belu. Tengo 23 años. Soy de la ciudad de Río Cuarto de Córdoba. Vivo con mis papás y mis tres hermanos menores. Estoy terminando comunicación social en la UNRC. Disfruto de compartir tiempo con mi familia y mis amigos. Soy ex alumna de las Madres Escolapias y tuve un par de novios.

¿Cuándo fue tu encuentro con Jesús?

Al nacer en una familia católica desde chiquita me hablaron de Jesús. No me imagino una vida sin Dios. Siempre lo he sentido muy cercano. Sin embargo,la JMJ del 2013 me marcó profundamente. Elegí ir allí en lugar del viaje de estudios a Bariloche.

Fue un viaje único, cambio mi vida y me acercó más a Jesús y empecé a comprometerme más. Hasta el momento yo había participado de alguna Pascua joven, hacía los retiros del colegio o colaboraba en alguna actividad puntual pero después de ir a Brasil, de a poco, me fui involucrando más en compromisos que necesitaban una mayor constancia. Hice los Ejercicios espirituales de San Ignacio ycon el tiempo descubrí la misericordia y el verdadero amor de Dios.

¿Por qué decidiste seguirlo en esto que haces hoy?

A principios de 2015, me incorporé al equipo de la Pastoral de Juventud de la Diócesis de Río Cuarto. En ese momento yo estaba dentro del Área de Formación, lo disfruté muchísimo. Durante esos años hicimos muchas formaciones para animadores juveniles a través de encuentros y convivencias y fue todo esto lo que hizo que yo me enamorara de los jóvenes.

En diciembre del año pasado se hizo la votación de coordinadores de la Pastoral. Salí elegida coordinadora general de la Pastoral Juvenil de la diócesis.

Creo que ya me quise ir miles de veces. Me pregunté un millón de veces si Dios realmente me quiere acá o si mi lugar está en otro lado. Creo que la espiritualidad ignaciana me ha tocado mucho el corazón y por eso trato de no hacer mudanzas en tiempo de desolación. Pero si al estar en coordinación me di cuenta que es mucho más fácil criticar que hacer. Me di cuenta que lo difícil de los cargos es que un montón de cosas recaen sobre uno y a pesar de estar rodeado de muchas personas por momentos se siente muchísima soledad. Me di cuenta que en un montón de ocasiones uno tiene que tomar decisiones y es re difícil que todos queden conformes.

La realidad es que comencé este apostolado con todas mis fuerzas, le puse todo lo que podía. Hoy me encuentro con toda mi fragilidad humana a flor de piel. Hay días que estoy más esperanzadora y otros días que quiero salir corriendo. Cuándo me pasa esto trato de pensar porqué estoy acá, cuál es el sentido. Admito que el miedo no siempre me permite verlo o a veces siento que estoy más en la pecera que nunca y eso me descoloca y me desanima. Sin embargo, hay una frase de la canción “Yo creo en la juventud[i]” que muchas veces resuena en mí, es una de las canciones que nos marcó a muchos de los que formamos parte del equipo de pastoral y su estribillo dice: “Yo creo en la juventud, el brillo de su amor y en la fuerza de su misión”, a lo que le agregaría que creo en Dios y en sus locos caminos. Hay algo que me parece importante aclarar, cuando dudo realmente me pregunto si Dios me quiere aquí y ahora en la coordinación pero no es que tengo pensado alejarme de Dios. Sin importar lo que haga quiero una vida con Dios.

¿Qué le dirías como joven a la iglesia?

Que busquemos siempre seguir los pasos de Jesús, de seguir su modo. Seguir el modo de Jesús es tener una mirada de amor, es ver que el otro es sumamente valioso. Seguir el modo de Jesús es no meterse en chusmeríos, no hablar mal de los otros. Creo que es sumamente importante que todos los que tenemos una participación activa dentro de la iglesia (curas, laicos, religiosas, etc) tenemos que cortar con tantas reuniones, con tantas horas sentados pensando y salir más a vivir y compartir la vida con otros.

A algunos también les pediría que dejen de poner  trabas para que otros conozcan el amor de Jesús. La iglesia tiene que estar siempre con el deseo de que otras personas descubran que hay un Dios que los ama.

¿Qué le dirías a otro joven de la iglesia?

Le diría que no pierda la alegría, la esperanza y la fuerza que todo joven tiene. Que se animen a compartir su tiempo con el otro, en el lugar que siente que Dios los llama y los alentaría a soñar. El mundo necesita jóvenes que se atrevan a soñar y trabajar en post de sus sueños.

¿Qué les dirías a otros jóvenes que están fuera de la iglesia?

Creo que hay muchas cosas que les podría decir. En primer lugar les pediría perdón por todas esas veces en las que yo y otros miembros de la Iglesia no sabemos ser fieles discípulos de Jesús. Somos humanos, la vivimos pifiando.

Les diría que son muy valiosos y valiosas y estoy segura que tienen un corazón bueno. Les diría que se quieran y se cuiden mucho a sí mismos y que se animen a compartir con otros todos sus talentos y todo lo bueno que hay en ellos.

También les diría que no carguen con los errores de otros y que se animen a soñar. Que sueñen y que se animen a caminar para alcanzarlos. Tal vez mientras caminan se dan cuenta que su verdadero sueño es otro y ahí se puede cambiar de dirección. Lo importante es tener sueños y caminar hacia ellos.

 “Creo en la juventud, en el brillo de su amor y en la fuerza de su misión”.